Imagínese un agricultor que dice: «Como mis papas no crecen, riego mis árboles». Es probable que con tal decisión, nuestro campesino quede en las sombras, pero tendrá hambre. Esta es la lógica de Diego Macera en un artículo sobre emprendimiento en Perú, publicado en este diario («Si nuestra barriga suena de alguna manera, pensaremos en algo», 15.06.2017).

Macera sostiene que el problema con Perú es que hay muchos emprendedores, pero pocos lo lograron. Pero el autor no sabe que una alta “fecundidad” empresarial es buena para la economía y que los países desarrollados se caracterizan por ello y por la presencia de un gran número de pequeñas y medianas empresas. Así ocurre en Japón, Alemania y Estados Unidos. Esto no es un problema, sino más bien una ilusión.

Más bien, la pregunta debería ser cómo tuvieron éxito frente a tantas adversidades en nuestro país, por qué mueren demasiadas empresas en Perú y por qué tan pocas empresas se hacen grandes. Aquí es donde necesitamos el análisis de los economistas y el ingenio del gobierno.

Luego de esto, Macera concluye (no sabemos cómo) que es porque nuestro empresas son por necesidad, no por elección. Cabe destacar que muchos de los empresas Los triunfadores de la historia lo fueron por necesidad y muy pocos por elección. Más bien, es la única oportunidad para muchos peruanos.

Pero además, el hecho de que una empresa sea creada por vocación o necesidad de su fundador no tiene nada que ver con su éxito. Las empresas tienen éxito gracias a su liderazgo y porque crecen en el entorno adecuado.

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