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Dirigir en época de crisis

Cuando vivimos una época de crisis como la actual, y cuyos efectos están siendo devastadores para la economía mundial, la indecisión, la duda, el nerviosismo y la presión constante, traen como consecuencia que pocos dirigentes de empresas tomen las decisiones adecuadas y hagan las cosas tal y como en este contexto deban hacerse. Y digo en este contexto, ya que es importante que tengamos en cuenta que las decisiones que empresarialmente nos pueden llevar al éxito actualmente, seguramente no nos servirán mañana.

La primera medida que en esos momentos la mayoría de las empresas pone en práctica es la implantación y seguimiento de un drástico» plan de reducción de gastos».

Recortar gastos comerciales, de formación, de calidad, de publicidad, o reducir el personal para que los profesionales clave ocupen más de la mitad de su valioso tiempo en realizar, y mal, esas tareas que antes podían delegar, son actuaciones típicas de empresas que tienen escaso talento. Una organización no puede funcionar adecuadamente sin una definición clara de su organigrama funcional y jerárquico, y si hay algo que se debe cuidar y potenciar al máximo, en todas las circunstancias, es ese organigrama, esa estructura.

Recortar gastos que disminuyan la capacidad competitiva de una empresa es como ahorrar en el mantenimiento de un coche no cambiando ninguna de sus ruedas. Financieramente salen las cuentas a muy corto plazo, pero estratégicamente esto te deja fuera de juego, incapaz de competir. ¿Para que vale un plan que nos permite seis meses más de vida? ¿Para crear nuevas y falsas esperanzas y acabar endeudándose todavía más?

Las épocas de recesión y de crisis suponen una oportunidad en medio de la tormenta. Si todos los esfuerzas de una organización van orientados a cómo ser más competitivos, y a actuar con decisión, calidad y mirando hacia adelante, se recogerán los frutos que los errores de los demás te ofrecen en bandeja. Frutos que son siempre consecuencia de la toma de decisiones con riesgos medidos y que tienen como rasgo la tenacidad y la persistencia.

El éxito en una organización industrial no suele ser inmediato, ya que a diferencia de otras actividades basadas en la especulación, el éxito en la industria es fruto de una buena gestión que implica manejar relaciones en muchas direcciones: proveedores, clientes, empleados, administración, opinión pública, accionistas, directivos, etc, y manejar adecuadamente y bien engranadas todas estas relaciones requiere tiempo, esfuerzo y presupuesto.

No quisiera que estas tres últimas palabras, «tiempo», «esfuerzo» y «presupuesto», fueran unas más de las ochocientas que componen este artículo. Creo que sería fundamental que todos los empresarios fueran conscientes de que la gestión empresarial es cuestión de tiempo, tiempo como lo requiere el cambio, la generación de una cultura, el ganar prestigio en el mercado, y el conseguir una organización competitiva y moderna. Querer llegar «antes de tiempo» y por otros caminos, es el primer paso para «no llegar nunca».

Dirigir es tomar decisiones para poder alcanzar un objetivo. Elegir entre varias posibilidades, teniendo presente una serie de factores más o menos exactos, es resolver un problema sobre la base de un conocimiento adecuado de la situación, del buen juicio para ponderar el valor relativo de los distintos factores que entran en juego y de una intuición que permite al jefe nato saber cual es la decisión correcta en una determinada situación y en un determinado contexto.

Como dice Peter F. Drucker, «adoptar decisiones constituye la única tarea autentica de un responsable».

Cuando un jefe es indeciso por «ignorancia» (desconocimiento total o parcial del problema), por «miedo» (a las consecuencias de sus decisiones), por «política» (efectos que para él pueden derivarse de aquella medida) o por «perfeccionista» (controlar todos los aspectos del problema), puede provocar situaciones mucho más peligrosas que las de la impulsividad, por eso es necesario rechazar las crisis de indecisión, y adoptar soluciones y ordenes reflexionando, pero rápidamente.

El verdadero jefe es un hombre de acción que se rodea de buenos colaboradores con los que estudia los problemas, analiza las dificultades, y después elige la decisión que considera mejor entre las diferentes posibles. Es un integrador de equipos con enfoques diferentes. Tiene sensibilidad hacia las personas y se esfuerza por ver claro y con precisión, con tiempo pero sin perderlo, fijando su propósito con nitidez, empeñándose con resolución para seguir el camino escogido, confiadamente, empleando toda su energía para superar las dificultades, y arrastrando tras de sí a todo su equipo. Es capaz de desarrollar una visión rápida del problema aunque no sea detallada ni exhaustiva, y es consciente de que no siempre los resultados son perfectos, pero tiene claro que es preferible llegar a resultados aceptables, que dejar pasar el tiempo en espera de soluciones utópicas que nunca llegaran o lo harán demasiado tarde.

«El valor supremo del hombre está en la decisión. Mientras el hombre no decide todo está por hacer. En las decisiones que cada uno sepa adoptar va todo el valor de la propia vida». (O.Gaisan)

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