El hombre 2.0

El hombre 2.0 tiene en algunos aspectos muchas características en común con los Imbelesem de los reinos moros: Es leal y obediente, fiel a su mentor y a su pareja. Sabe que estos son su pilar, piedra angular y punto de referencia a la hora de buscar consejo y cariño, o ayuda, por eso busca una relación con estas dos figuras de comunicación sincera y transparente. Y tiene más detalle que el salpicadero del coche fantástico con estas referencias para mantener viva la llama.

Desea para sus hijos o los pequeños de su entorno un mundo mejor, y dada la circunstancia de crisis global, se preocupa mucho por lo que pueda pasar. Como los niños que vivieron la guerra y postguerra Civil española, los hijos del 36, sabe lo rápido que es el cambio de arriba abajo y que la vida puede ser una montaña rusa si desaparecen los valores. Este no es el único motivo por el que trabaja con ahínco y esfuerzo; hay otro: Tiene tanto deseo de éxito y tanto miedo al fracaso que cada día se deja la piel en todo lo que hace, y tiene inquietud por seguir aprendiendo y mejorando.

Nadie es tan guapo como en Facebook ni tan feo como en la foto del DNI, pero el hombre 2.0 cuida su aspecto (Metro/Uber-sexual se dice) porque la imagen es lo primero que se juzga, y muchas veces basta para descartar al hombre 2.0 de una gran oportunidad, que es lo que busca en realidad. El hombre 2.0 tiene sueños y metas.

Tecnología: El hombre 2.0 vive pegado al móvil y el portátil, cuida sus contactos con las redes sociales y conoce al dedillo la necesidad de una buena reputación en Internet, tiene un solo mando para el DVD, la televisión y el estéreo que se actualiza vía web. Es una víctima del «Renovarse o morir» y el «O te mueves o caducas».

Lo que sabe que es necesario es disfrutar del ocio, es lo que carga sus pilas como si de su iPhone se tratase: Una buena película, un Barça-Madrid o unas cañas con los amigos son suficiente para paliar el tiempo que lleva sin coger vacaciones por las circunstancias actuales.

Tiene sana ambición: Como hemos dicho, sabe que el esfuerzo y la oportunidad llevan al éxito, y que no sólo América es la tierra de las oportunidades, hay que estar en el sitio justo en el momento adecuado para que llegue la magia. Es competitivo en fair play. No hará mal a nadie pero si tiene que elegir entre los suyos o el prójimo, al que ama, barrerá para casa. Los últimos años le han enseñado que hay que prever lo imprevisible, pero no es egoísta.

Tiene, sobre todo: Miedos y dudas, que a veces comparte, a veces oculta, ya que los síntomas de debilidad y el mostrarse inseguro puede hacer que te etiqueten de por vida, pero se apoya en las dos figuras de las que hemos hablado, padre y pareja, para disiparlos o aprender a convivir con ellos. Es un Kiefer Sutherland en 24: cada día es una ardua lucha contra los problemas y buscar la mejor solución, un reto continuo, un estrés al que ya se ha habituado y del que, curiosa y graciosamente, se ha hecho adicto. No necesita más excitación adrenalínica que la que le da la rutina cotidiana.

¿Y por qué hace todo esto? Por finalizar con algo que nos une (La cerveza, la birra) y seguir con metáforas pantallísticas, aprovecho para citar ese anuncio de una conocida marca de jarabe de cebada: Lo que de verdad, de verdad nos gusta ¡sois vosotras!

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