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Foco, foco y foco

Si hay un mal que aqueja al emprendedor es, precisamente, su carácter. Esa bendición que supone ser valiente, flexible y veloz también tiene su lado oscuro: todo fundador sufre una falta endémica de foco que hace que continuamente busque nuevos problemas que resolver… lo que a la larga puede suponer la muerte de su proyecto actual.

Yo siempre digo que hay una forma fácil y rápida de saber si uno tiene carácter emprendedor «pata negra»: Pide una pizza por teléfono. Si utilizas los 30-40 minutos que tarda en llegar la pizza ideando un sofisticado sistema que, a través de GPS te permita saber en tiempo real dónde está tu pizza y que mediante notificaciones push te avise de cualquier incidencia, eres un emprendedor de la cabeza a los pies.

Y eso es motivo de alegría, pero también de preocupación. Una de las principales características del carácter emprendedor es precisamente la capacidad de identificar nuevas oportunidades y problemas que necesitan ser resueltos… lo que si no se controla puede llevar al emprendedor a actuar como un pollo sin cabeza, el paso previo del desastre.

Por que la base del éxito en una startup no es hacer muchas cosas, ni diseñar un gran modelo de negocio. La base del éxito de una startup es la ejecución. La capacidad de poner toda tu pasión, conocimientos y habilidades al servicio de un único objetivo, concentrada en un rayo laser.

Esto implica que debes ignorar esos cantos de sirena que tienden a distraerte, a poner delante de ti magníficas oportunidades que esperan ser descubiertas y centrarte en lo que ya estás haciendo.

Como dijo Albert Einstein: «La genialidad es la capacidad de enfocarse en una sola cosa durante un largo tiempo sin perder la concentración».

Y esto es muy duro. Por que aunque es muy divertida la fase de ideación, donde imaginamos un nuevo producto que va a cambiar el mundo, diseñamos un modelo de negocio innovador que nos hará ricos y hablamos sobre ello, eso no es lo importante.

Lo importante es levantarse todos los días con la única idea en la cabeza: sacar adelante tu proyecto y trabajar duro en él (en definitiva currar, como decíamos hace unos días al hablar de lean startup y modelos de negocio). Y por si no fuera suficientemente difícil, un ojo debemos mantenerlo en el día a día, en lo que tenemos entre manos, muy enfocado… mientras el otro mira hacia adelante, hacia el futuro.

En mi opinión esta es la causa principal de la altísima mortalidad de startups: no mueren porque les falte dinero o porque no hayan identificado un problema que valga la pena resolver, eso son efectos colaterales. Mueren porque se les acaba el dinero consecuencia de haber dilapidado sus fondos trabajando en cosas no prioritarias… culpa de la falta de foco de sus emprendedores. Porque lanzar una empresa tiene cosas preciosas y apasionantes, como el contacto con los clientes… y otras muy aburridas.

Lanzar un negocio al mercado no es un carrera de velocidad. Es una carrera de fondo, donde tu resolución será puesta a prueba todos los días.

Por eso creo que todo emprendedor cada mañana nada más despertarse debería decirse a sí mismo que no es un caballo de carreras, sino un caballo que tira de un carro (su startup), y ponerse metafóricamente unas anteojeras que le obliguen a centrarse en lo que tiene delante y evitar cualquier distracción de su alrededor.

Te recomiendo que leas el estupendo «The ideation switch» de Lukas Fittl (en el blog de Ash Maurya), que extiende las implicaciones de esta falta de foco, y nos propone un marco para decidir cuándo centrarse en la ideación y cuando en la ejecución.

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