google-site-verification=v5iY2Gdz-zxOgnVQjut3cRIcQjmYyl9pb-1ISc6yXoY

Una persona joven con una base científica sólida tiene muchos números para triunfar en el emprendimiento

LUIS RUÍZ ÁVILA. Emprendedor y CEO de Janus Developments

 

gif;base64,R0lGODlhAQABAAAAACH5BAEKAAEALAAAAAABAAEAAAICTAEAOw== - Una persona joven con una base científica sólida tiene muchos números para triunfar en el emprendimiento

Luis Ruiz Ávila es un doctor en biología molecular que cofundó en 2001 la primera spin-off biotech de la Universitat de Barcelona, Advancell. Ahora dirige Janus, una incubadora de empresas biotech cuya misión es, según sus palabras, «facilitar la entrada en la cadena de valor de aquellas tecnologías que tienen origen académico y por la propia naturaleza de la investigación no llega a entrar en la cadena de valor simplemente porque la industria no las entiende o no es capaz de darles una oportunidad». Además, acaba de publicar «El cerdo que canta: leyes, parábolas y proverbios para sobrevivir a la innovación».

– ¿Cómo se decide a fundar la primera spin-off biotech de la UB?
– Mi carrera y mi vocación era bastante científico-académica y me iba bien, pero en un momento determinado vi un anuncio en el periódico para una farmacéutica, Almirall, y me animé a probar la puerta de la industria. Estuve un par de años allí y como en el país de los ciegos el tuerto es rey, en aquel entonces se estaba planteando la creación de Advancell por iniciativa de dos catedráticos de la Universidad de Valencia y de la Barcelona, Senén Vilaró y José Castell, y me ofrecieron a mí participar a mí como la figura empresarial para hacer el proyecto. En aquel momento había muy pocos referentes. Fue una experiencia de 9 años muy interesante porque empezamos de cero, fuimos creando y participando de toda la ola de creación de nuevas empreas que surge en el 2000. Desde Advancell ya creamos dos empresas más: ERA Plantech, que ahora es ERA Biotech, donde ejercí de director hasta que se consolidó, y después una joint-venture con Genetrics para desarrollar un proyecto de epidermolysis bullosa basándose en una tecnología que habíamos licenciado de la USC.

– Luego participó en la creación de otras 4 empresas…
– En 2009 me fui de Advancell porque era un proyecto que ya estaba maduro y consolidado, pero allí vi la grandísima oportunidad que representa el puentear la investigación y la industria, el adquirir tecnología en el mundo de la investigación y madurarla hasta que tienen un grado de apetencia para la industria. Janus funciona como una incubadora de proyectos y ha participado en la consolidación de varios proyectos empresariales: Neurotec, Archivel Pharma… siempre aprovechando esta experiencia de haber participado en fases iniciales en las cuales es muy difícil conseguir equipos estables, con experiencia y con visión estratégica.

– Ustedes ofrecen consultoría estratética para empresas biotech y también inversión en capital semilla. ¿Qué parte de la empresa tiene más desarrollo?
– La parte importante de la empresa es la parte de incubadora de proyectos. Nos interesa si el proyecto tiene sentido o no, analizamos una tecnología de origen académico y lo que vemos es lo que le falta a esta tecnología para ser aceptada por la cadena de valor, partiendo de la premisa de que la investigación universitaria se queda muy corta en cuanto a los requerimientos de entrada en la industria. En el ámbito de las investigaciones biomédicas es muy difícil que una investigación académica tenga los requisitos que requiere la industria para invertir grandes cantidades de dinero en continuar los desarrollos. Estamos hablando de desarrollos muy largos y complejos, con un componente de industrialización muy fuerte y todo esto se escapa a la investigación académica, que se centra en investigar la hipótesis. La inversión que dedicamos a los proyectos es para tapar agujeros, darles forma e intentar que alguien que continúe este proyecto: un capital riesgo que cree una tecnología, o puede ser una empresa constituída que adquiera esa licencia, o podemos ser nosotros mismos que continuamos el desarrollo con más financiación. No somos inversores en sentido estricto, no invertimos en proyectos de otros, son nuestros.

– ¿Y qué características ha de tener un proyecto para que decidais invertir en él?
– Es un análisis proyecto a proyecto, pero lo que sí que está claro es que nuestros proyectos nunca van a ser los mejores de los mejores: si una universidad hace una patente y viene Pfizer y la quiere comprar, nosotros ahí no vamos a competir nunca. Nuestra oportunidad está en aquello que no llega a ser el top pero si le das un pequeño impulso lo transformas en top. Y entonces alguien más vendrá, el Pfizer de turno, y la comprará. Nosotros ganamos en la diferencia entre lo que nosotros hemos invertido y lo que alguien más puede llegar a comprar. ¿Tipología de proyectos? Proyectos que tienen buena base científica que se dirigen a una necesidad no cubierta y que nosotros entendemos y que podamos llegar a decir: haciendo esto y esto y gastándonos esto (no podemos gastar más de 150.000 euros)…
Todos los proyectos los analizamos desde el punto de vista de cuatro viabilidades: tecnicamente, la base mecanística tiene que estar bien, y esto normalmente está resuelto porque la universidad se dedica a esto, pero también tiene que ser viable comercialmente: tiene que tener una buena patente, un nicho de mercado en el cual no tiene que haber demasiada competición, tiene que satisfacer una necesidad no cubierta en un ámbito que no esté ya cubierto… y esa es la viabilidad comercial. Y luego está la viabilidad industrial: la tecnología puede tener un fundamento muy sólido, pero si no la puedes poner en un tubo y aquello no es estable por un mínimo de dos años no tienes absolutamente nada. Y luego está la viabilidad regulatoria, que a veces no casa bien con el criterio científico. Hay cosas que simplemente por muy bien que funcionen no se pueden hacer.

– ¿Hasta dónde llega el papel de Janus en los proyectos en los que entra?
– Nosotros hemos hecho ya 25 licencias desde que empezamos en 2009 y de estas 25 hemos cancelado muchas por falta de alguna de las viabilidades. Hemos creado dos empresas, con lo cual hemos logrado el objetivo, y hemos licenciado otros 2 proyectos. Siempre trabajamos con una visión: este proyecto lo vamos a trabajar como empresa, o para una licencia y desde el primer momento estamos buscando alguien que lo quiera.

– ¿Cuál es el papel en todo esto de los investigadores universitarios que descubren los productos?
– Depende muchísimo de cada proyecto. Y lo que seguro no hacemos es incorporar a un investigador por el hecho de que es el padre del proyecto. Si el proyecto lo necesita lo incorporaremos pero una de las premisas es que la ciencia está acabada. El investigador normalmente se queda al margen de esta parte porque no invertimos en desarrollo científico sino en transformar ciencia en producto. Y eso significa que muchas veces el investigador no sabe nada de eso. Lo primero que preguntamos son cuales son sus motivaciones ya que hay muchos que quieren crear una empresa para desarrollar esa tecnología. En ese caso nuestra actitud es muy diferente, les podemos ayudar a crear la empresa y acompañarle, pero ya no adquirimos los derechos.

– ¿Puede aproximar un porcentaje de investigadores a los que les apetece entrar en la empresa?
– Normalmente al investigador no le apetece entrar en la empresa de otro, o quiere seguir investigando o quiere crear su propia empresa. En general aconsejamos en contra de que el investigador cree su propia empresa salvo que sea una tecnología extraordinaria o una persona joven. Luego está la figura del catedrático emprendedor, que es un paradigma erróneo, falso y peligroso. No cuela para nadie que un catedrático de universidad que no abandona su plaza sea emprendedor en un proyecto empresarial, puede ser el apoyo, el mentor científico, pero nunca la persona que tira del carro. Y un síntoma claro es que nadie deja su plaza. ¿Tú sabes aquello de la gallina y el paradigma de los huevos con bacon? Cuando creas una empresa los socios inversores distinguen muy claramente entre la gente que se implica y la gente que se compromete. Y para eso emplean la analogía del plato de huevos con bacon. Para hacer este plato tú necesitas una gallina, que se implica porque pone un huevo, pero mantiene su condición de gallina y un cerdo que se compromete porque o es cerdo o es bacon, no puede ser las dos cosas a la vez.
En cualquier proyecto empresarial los socios inversores querrán ver los socios comprometidos y el catedrático de turno o el investigador con vocación académica nunca puede pasar por ser comprometido, el emprendedor real es que da el callo y el que está ahí dando el todo por el todo por la empresa. Una persona joven con una base científica sólida, con un doctorado, por ejemplo, tiene muchos números para triunfar en el mundo del emprendimiento si tiene la motivación y el compromiso necesarios.

– ¿Cómo buscan proyectos en los que invertir?
– La gente nos va conociendo, hay foros específicos… nos centramos sobre todo en el mercado español, solamente con la productividad que hay aquí tenemos de sobra para la actividad de incorporar proyectos.

– En términos porcentuales ¿cuántos proceden de universidades o centros públicos de investigación y de empresas?
– Aproximadamente un 60% de universidades, un 30% de hospitales y un 10% de empresas, pero lo que viene de empresa no nos lo dejan, sino que hacemos acompañamiento estratégico y consultoría.

– He leído que están desarrollando 11 proyectos originados en universidades o centros públicos. ¿Algún caso de éxito?
– El primero es una tecnología de una vacuna veterinaria que adquirimos de la UAB y construyendo el caso entramos en contacto con la Universidad de León, donde tenían tecnologías complementarias y vimos que podíamos agrupar tecnologías enfocadas en la mejora de la productividad animal sin el empleo de antibióticos. Así que decidimos crear una empresa llamada Aquilón con el equipo de la UL y captamos un compromiso de inversión de 1,5 millones de un capital riesgo. Nosotros llevamos la dirección interina. En la fase previa habremos invertido aproximadamente unos 100.000 euros, hemos movilizado un millón y medio, y ahora la empresa ya está vendiendo cosas. Y ya está, hemos cumplido nuestra misión y como Janus nos hemos quedado con una parte del capital de la empresa, igual que la UL y los emprendedores.
El otro proyecto bonito que tenemos es uno que licenciamos en 2009 de la Universidad de Zaragoza, una patente y un conocimiento sobre unas proteínas para el tratamiento de la esclerosis lateral amiotrófica, que será neuroprotectora. Nos gustó porque es una enfermedad neurodegenerativa, tiene una evolución muy rápida y no hay absolutamente nada para combatirla. Había buenos resultados en ratones, así que consolidamos la propiedad industrial y en 2010 constituimos una asociación de interés económico con la farma Ferrer y con Bioingenium, una empresa especializada en la producción de este tipo de productos. Y con eso y con alguna ayuda pública juntamos un consorcio de 2 millones y los dedicamos a transformar ese producto en algo que se pueda producir en una fábrica. Los resultados están siendo muy buenos y nos darán el empuje necesario para luego continuar y conseguir los 10 millones que hacen falta para demostrar que funciona en pacientes. Para que veas los cambios de escala: nosotros hicimos una inversón de 100.000, el consorcio de 2 millones y el próximo paso necesita una financiación de 10 millones. Pero es un caso de éxito porque realmente el producto ya lo tenemos en fábrica, las evidencias son sólidas y ahora hay que hacer el desarrollo preclínico regulatorio, llevarlo a clínica y tratar pacientes.

El tercero es un proyecto que viene de la USC: cerramos el acuerdo de licencia en noviembre y es un proyecto que puede cambiar de forma radical el tratamiento del ictus. El problema es que a la industria le da muchísimo miedo, porque para el ictus normalmente los proyectos fallan en la fase 2 o 3, después de haber hecho unas inversiones enormes. Esta es la realidad del mercado. Nosotros lo que hicimos fue encontrar dentro de la base mecanística una indicación en pediatría, muy pequeñita, pero que podría dar esta primera entrada en la cadena de valor, porque eso sí que genera mucho interés y a relativamente corto plazo se puede demostrar la viabilidad técnica en pacientes… En biomedicina todo es muy largo, nada de lo que estamos haciendo ahora llegará al mercado antes de 15 años.

– Usted afirma que el nivel científico en España es altísimo. ¿Cuáles son los principales obstáculos, a su modo de ver, para que esos resultados lleguen al mercado, en comparación con otros países, claro?
– Es muy fácil: una startup en el entorno de Boston normalmente puede recibir financiación de 10 millones de euros. Aquí estamos empresas con 300.000 euros. La diferencia es la capacidad de inversión y la visión estratégica. En entornos como Boston, los países nórdicos, Oxford y Cambridge, hay mucha gente que ya ha pasado por esto. El capital que hay aquí no entiende las reglas de juego de este sector, aquí no encuentras 100 inversores ángel que entiendan de biotecnología. Y esto es fundamental. Se trata de tener capital inteligente que sea sensible a este tipo de proyectos. Sin esto no hay forma de transferir.

– Es una queja generalizada entre los emprendedores españoles, que dicen que no hay inversores preparados para proyectos altamente tecnológicos.
– En descargo de los inversores también tengo que decir que la calidad de los proyectos que presentan tampoco es demasiado buena porque les falta la visión de un mercado maduro. Muchas veces el emprendedor tiende a presentar un proyecto muy científico, con poca visión de mercado. Yo creo que no es la culpa de que no hay capital para invertir tampoco, porque hay un mercado de capitales internacional y te preguntas ¿por qué los proyectos españoles no van a este mercado? También tenemos culpa los emprendedores de aquí que no sabemos explicar bien lo que tenemos.

– ¿Y cuáles diría que son los principales problemas del emprendedor español biotech, por ejemplo?
– Falta de experiencia porque no tenemos ni experiencias de éxito, con lo cual no tenemos referentes, ni de fracaso, no tenemos suficiente masa crítica como para que la gente se la haya pegado tres o cuatro veces. En Israel, en Boston, la gente ha participado de este proceso muchas veces, eso aporta mucha experiencia. Aquí en el 90% de los casos partimos de cero y eso es cuestión de tiempo y masa crítica. Hace 10 años esto era un erial en biotech, a nivel de gestión y de desarrollo estratégico. En cualquier mercado maduro el proceso lleva 15-20 años, aquí no llevamos ni 10.

– Cataluña es el hub del sector en España, ¿no?
– También hay muchas empresas en Madrid, pero a nivel de profesionales y de masa crítica tenemos más, estamos más juntos. En el País Vasco se están haciendo muy bien las cosas, todos van a la una y con una mentalidad muy industrial. Y yo creo que las buenas noticias del sector vendrán del País Vasco y una también de Cataluña en poco tiempo.

– Ustedes como Janus han acudido a rondas de financiación, ¿no?
– Sí, pero nuestro negocio es mucho más difícil. El inversor quiere ver un proyecto, no un proyecto de proyectos, entonces tenemos una financiación que nos permite ser sostenibles pero nuestra fuente primaria de financiación viene por la capacidad de financiar proyectos individuales.

– ¿Cuál es su planteamiento de futuro como empresa? ¿Cómo le gustaría que fuese Janus en 10 años?
– Queremos seguir siendo Janus y con un montón de empresas derivadas, no creo que vaya a crecer mucho pero sí el universo Janus. Y el proyecto a largo plazo es a fuerza de acumular 10% de proyectos que llegan al mercado. Hay precedentes de este modelo y son buenos. Hay ‘januses’ comparables que han salido a bolsa y no descartamos esta vía.

Leave a Comment!