Vivencias conjuntas como emprendedoras y empresarias

Cuando una persona inicia el proceso de emprender una actividad por cuenta propia se enfrenta a una situación de ambivalencia, de duda, que tiene doble cara. Una de ilusión, de pensar en crear, de iniciar una aventura, de sentir que en el entorno hay una oportunidad para su idea y es necesario traducirla en acto, en realidad. Frente a ésta, la incertidumbre, el riesgo, el miedo… ¿podré?, ¿seré capaz?

De la conjunción de esas dos caras sale ya un proyecto que ha aquilatado el riesgo, en el que se han imaginado escenarios posibles y se han analizado las reacciones frente a los mismos, que ya tiene visos de realidad porque ha conseguido reducir en parte la carga que introduce el exceso de ilusión pero también ha despejado los nubarrones que se cernían sobre la idea en los momentos de crisis e inseguridad.

Junto a esto está el trabajo conjunto (la relación de socias), la búsqueda de la complementariedad, la complicidad de compartir el proyecto y hacerlo realidad, las reflexiones, las dudas y el posicionamiento en el mercado de una empresa de mujeres que trabaja políticas de igualdad en un momento en que el tejido empresarial femenino era muy escaso y ni siquiera la actividad se pensaba como una oportunidad de negocio. Era 1990.

Pero ¡Ha llegado el momento! Hay que empezar y entonces empieza la vorágine: la clientela y cómo hacer que cada cual se sienta como si fuese única o único, para que te vea como una profesional capaz, rigurosa y con respuestas a sus necesidades.

Los bancos y las líneas de crédito, las discusiones, las negociaciones, el hacerles ver que tienes una empresa con futuro, con clientes pero que hay problemas de tesorería y que el que seas mujer no es un factor de riesgo sino una garantía de esfuerzo, de pago, de resistencia a la frustración

Las entidades proveedoras ¿cómo negociar mejores condiciones?, ¿cómo ajustar pedidos?, ¿cómo negociar los plazos de pago cuando se está empezando?

Ah, ¿y lo interno?, la infraestructura y su optimización, el personal y cómo conseguir un buen equipo, comprometido con los objetivos de la empresa, cohesionado e ilusionado; cómo innovar y mejorar tu servicio y tus productos, como tener una política de precios coherente dentro de un mercado cada vez más competitivo

Con todo esto el tiempo va transcurriendo, la idea se convierte en proyecto, el proyecto en empresa, y la empresa en tu vida, es ya como una persona que te acompañará siempre, que tiene vida propia, que empieza a ser conocida y reconocida, que te identifica y te suplanta y de este modo pasamos de ser Isabel y Geli con dos apellidos a ser Isabel y Geli de Likadi,o, las Likadi.

Por el camino hemos tenido momentos de éxito y nos hemos dejado algunos jirones de piel por el esfuerzo de estar ahí, conscientes de estar ocupando el lugar que deseábamos ocupar, y contribuir con ello al avance de las políticas de igualdad en España, participando en la definición de algunos momentos clave de las mismas, a la vez que creábamos empleo, riqueza y un mundo un poco mejor.

Visto desde ahora, emprender es una opción de vida que requiere una alta dedicación, mucho tiempo y ciertas renuncias por todo lo que conlleva, y esto hace que las mujeres se sitúen con ciertas desventajas frente a ello. Situación que obliga a plantearse cuestiones como ¿es posible que las mujeres con responsabilidades familiares y domésticas no compartidas puedan llegar a disponer de todo el tiempo que requiere la actividad empresarial?, ¿qué debería articular esta sociedad para que las mujeres puedan emprender con las mismas oportunidades que los hombres?, ¿qué debemos hacer nosotras?, ¿qué deben hacer los hombres?, ¿qué las instituciones?, ¿y el mercado de trabajo?, ¿y?, ¿y? ¿y?¿y?… algunos de estos interrogantes quedarán sin respuesta hasta que no haya un número suficiente de mujeres empresarias que puedan, podamos, redefinir y dotar de nuevos valores la actividad empresarial.

En cualquier caso nos gustaría animar a hombres y mujeres, pero especialmente a éstas últimas a creer en sus ideas, a ponerlas en marcha y lanzarse a la aventura de emprender. Merece la pena!

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